Tuesday, January 16, 2007

El premio gordo: La Industria Gorda

En el Área de la Bahía tenemos la gran suerte de tener un problema de obesidad menor que otras áreas del país, pero no estamos libres. Hasta ahora no me acostumbro a ver gente, no digo gordita sino realmente obesa. Las personas obesas despiertan en mí una curiosidad infantil. Tengo que hacer uso de todas las buenas maneras que me inculcaron para no quedarme viendo como imbécil. Y me vienen a la mente preguntas indiscretas: ¿Como harán para ir al baño?, ¿Cómo será su vida sexual? ¿Cómo se amarran los zapatos? ¿Si les cae un dinero en la calle, a partir de qué monto se molestarán en hacer esfuerzos por recuperarlo? ¿Cuántas botellas de protector solar necesitarían para un día de playa? ¿Se lavaran alguna vez el fondo del ombligo?

Muchas de estas preguntas se volvieron prácticas cuando participé en el montaje de una obra de teatro en el 2002 http://www.nakedmasks.org/past/nakedmasks.html en la que uno de los personajes era un hombre gordo. Estoy segura de que Luigi Pirandello (1867-1936), el dramaturgo, no se imaginaba como actor al hombre tan gordo que encontramos para el papel.

Nuestro actor gordo llegaba muy temprano para poder estacionar su vehículo muy cerca de la entrada y tal vez para que no lo viéramos en la penosa tarea de subir los pocos escalones que daban al bello inmueble de la arquitecta Julia Morgan en la avenida Durant, en Berkeley. A Jonathan (el director) y a mí se nos hacia tripas corazón oír el crujido de las sillas en donde nuestro querido actor se sentaba hasta tener que llegarle a prohibir sentarse en las más antiguas. A veces, en medio del ensayo nuestro actor se ponía a sudar. Interrumpíamos el ensayo, temíamos por su salud y egoístamente por la producción. Pero nunca pensamos en encontrar un reemplazante. Él era el más dedicado de todos los actores.

Una de las tareas más difíciles fue encontrar una banca lo suficientemente sólida como para nuestro actor. Terminamos pagándole a un carpintero para que le construyera una especial pues mi búsqueda por Internet concluyó con la triste realidad de los precios exorbitantes de los muebles para obesos que no nos podíamos pagar.

Al principio se habían previsto ciertos movimientos por el escenario pues los monólogos del Hombre Gordo eran muy largos y había que darle flexibilidad a las escenas. Pero poco a poco fuimos los fuimos eliminando porque era muy penoso para él moverse de un lado a otro, incluso dar unos pocos pasos. Al fin sólo quedaron dos movimientos, uno en el que él se levantaba de la banca para mirar a lo lejos, como lo dictaba la escena y otra en la que el personaje caminaba hacia la muerte. La dificultad era manejar los movimientos nada naturales, con naturalidad. Surgieron miles de detalles. Por ejemplo había que prever suficiente tiempo de blackout para que él pudiera abandonar el escenario de una manera digna.

La obra fue un éxito y nuestro actor obeso fue merecidamente aclamado. No sé qué será de él pero decía que estaba por someterse a un bypass gástrico y que su motivación era la de ser actor. ¡Cómo me gustaría verlo un día en una película en el cine!

Y en esos andares de paso encontré respuestas a muchas de mis inquietudes acerca de cómo resuelven las personas obesas sus problemas cotidianos. La industria ha engordado también con este mercadito: inodoros que pueden resistir toneladas, duchas y accesorios especiales, paraguas inmensos, extensiones de cinturones de seguridad, relojes con pulseras más largas, camas reforzadas de acero, y hasta maquinitas para ayudarte a ponerte los calcetines. Si la ropa es más grande y pesa más, se necesitan también colgadores que vayan a la par, y muebles apropiados por supuesto. Todos quieren su pedacito del rico pastel: Los decoradores de interior argumentan que muebles más robustos van a la par de objetos decorativos prominentes, los constructores de viviendas marketean casas con pasajes y entradas más amplias, y hasta han comenzado a abrir lugares para vacacionar especialmente adaptados para obesos. Por ejemplo este en el área de Cancún: http://findarticles.com/p/articles/mi_m0BEK/is_6_11/ai_103459767

Algunas ciudades en Estados Unidos han comenzado a ofrecer ambulancias con camillas mecánicas pues los paramédicos no logran transportar a las victimas. ¿Serán ellos mismos son obesos? Lo que me da más tristeza son los niños que ya nacen adictos al azúcar, y claro, se necesitan cochecitos y asientos de de carro resistentes para bebes obesos, pañales cada vez más grandes. Pero no hay nada de qué preocuparte porque para todo existe el producto ideal que resuelve el problema. Y en esto sí que la industria se lleva el premio gordo.

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